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REUNIDOS EN CONGRESO, 8 de agosto de 2008


La Declaración unánime de los Margraviatos Unidos de Cenit


Cuando en el curso de los acontecimientos humanos se alcanza tal grado de madurez espiritual que los seres humanos resisten instintivamente los sofismas de la imposición, de la fragmentación, del aislamiento y del libertinaje, y en consecuencia reniegan de la locura de la violencia, del asesinato, de la guerra y del deshonor, se hace una necesidad imperiosa legar a las generaciones venideras los ideales diáfanos que motivan nuestra unificación con vínculos indisolubles de hermandad.

Es nuestra firme y sincera convicción, fundamentada sobre nuestra reflexión en común, que todos los seres humanos nacemos iguales en dignidad. En razón de ello, sostenemos como evidentes en sí mismos ciertos derechos entre los cuales se encuentran la vida, la libertad, el ejercicio de la propiedad y el continuo perfeccionamiento. Así pues, no sería compatible con nuestra común dignidad el que nos entregásemos a la agresión mutua y nadie que se precie de ser uno de nosotros se rebajaría a cometer semejante infamia. Es en salvaguardia de ello que instituimos este Gobierno Constitucional, el cual deriva sus poderes legítimos del consentimiento explícito de los gobernados y que, en caso de que este se vuelva destructor de los principios antes expuestos, el pueblo tiene el derecho a reformarlo o a abolirlo e instituir un nuevo Gobierno que se funde en dichos principios y a organizar nuevamente sus poderes en la forma que a su juicio le ofrezca las mayores probabilidades de alcanzar su seguridad y felicidad. Ponemos estos derechos universales e inalienables como los cimientos de nuestra unión, los cuales siempre unidos sabremos defender en primer lugar mediante la práctica del autogobierno personal.

Aún con todas las responsabilidades y riesgos que implica el deber supremo con que se ha investido a esta generación al depositar en nuestras manos el encargo de redactar el presente testimonio, nosotros asumimos gustosamente este desafío con tal de evitarle a las generaciones venideras padecer los flagelos que han azotado sin piedad a todas las generaciones humanas, incluyendo la actual. La penosa y extensa experiencia humana demuestra que la alienación de nuestra propia condición humana sumadas a la soberbia, individual y colectiva, ha producido innumerables desgracias e inenarrables suplicios a millones de inocentes, ha degradado a los hombres a niveles infrahumanos de conducta y subsistencia y ha puesto en peligro, y aún a veces destruido, la civilización. Por ello, en un momento en que nuestro desarrollo tecnológico se ha perfeccionado lo suficiente como para vivir en paz de forma materialmente satisfactoria o autodestruirnos, cada uno de nosotros, los Cenitenses, nos decidimos por la primera opción. De forma concertada, nos comprometemos a vencer todo obstáculo que interfiera con nuestra meta común. Y por ello, junto con los conceptos obsoletos de tiempos pasados anteriormente citados en esta declaración, abandonamos el uso ofensivo de nuestros ejércitos y los preservaremos exclusivamente para la defensa común, abrimos nuestras fronteras para dar inicio a una nueva y fructífera era de paz, prosperidad y progreso en la unión cuidándonos a la vez de la discriminación y el trato injusto.

En consecuencia, todos los Cenitenses, estando aquí reunidos en Congreso por nuestra libre y conciente voluntad, en el nombre y con la autoridad propias de nuestra Nación y encomendándonos con devoción a la más alta Sabiduría a la vez que tomando sus rectos dictámenes como propios, publicamos y declaramos que estos Margraviatos Unidos son y deben mantenerse siempre como una sola e indivisible Fraternidad cuyos miembros se reconocen mutuamente libres e interdependientes, que estos últimos han quedado libres de cualquier lealtad a las ideologías que han fomentado el odio en tiempos pasados, que su devoción en el auxilio mutuo los une en vínculos sagrados. Y así establecemos como nuestra meta común la paz, la prosperidad y el progreso generales al interior de la unión realizando de una manera cada vez más perfecta nuestros ideales de equidad, justicia y armonía mediante el cultivo de la virtud y la búsqueda de la Sabiduría.

De este modo, encomendándonos nuevamente a la Sabiduría y a su benévola protección, damos por auspiciosa y santamente inaugurada la Unión Cenitense y, para sostener esta declaración, empeñamos mutuamente nuestras vidas, fortunas, capacidades y honores en perpetua defensa de ella.

Firmantes

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